Por una razón u otra, much@s —si no tod@s— llevamos máscaras para enfrentar la vida. Algunas personas llevan máscaras finas, otras muy gruesas, tanto que su verdadero carácter no se reconoce en absoluto. Es como con el maquillaje: algunas usan solo una capa ligera, mientras que otras llevan tanto maquillaje que sin él, son irreconocibles. Recuerdo una vez visitar a una compañera de trabajo en su casa. Cuando abrió la puerta, me asusté. Pensaba que, debido a su separación, había pasado la noche llorando y tenía la cara descompuesta. Pero no era eso; simplemente ese día no se había maquillado.

El problema no es llevar una máscara, sino lo que hay detrás de ella. Detrás de una máscara puede haber una persona muy tímida o alguien que sufre en casa con un narcisista y, claro, no quiere que todos lo sepan. El problema no es la máscara en sí, sino lo que se esconde detrás. Y, desgraciadamente, hay mucha gente muy fea detrás de su máscara.

Estos días me hablaron de una mujer, a la que llamaremos Diana, que en su trabajo sufre acoso por parte de sus compañeras. Diana fue directa y preguntó: “¿Pero qué problema tenéis conmigo?” Claro, la respuesta fue “ninguno” — “eso es imaginación tuya”. Porque las personas que acosan ya de por sí tienen un carácter lamentable y, además, son cobardes. No se atreven a decir: “Es que no has hecho nada, simplemente te he cogido manía por tu forma de ser.” Encima, son intolerantes.

Hay quienes dicen que el tiempo pone a todo el mundo en su sitio, como si la vida fuera justa. La vida no es justa, ni injusta. Simplemente es. Y no, no pone a todo el mundo en su sitio. Ojalá fuera así para que esas personas, que detrás de sus bonitas máscaras ocultan un carácter tan lamentable, recibieran su merecido.

Una vez trabajé en una empresa donde a la asistente del gerente le habían puesto el mote de “víbora” porque influía en el gerente sobre a quién despedir según su antojo. Ella era una persona llena de envidia y el hecho de destacar o no lamerle el trasero, era suficiente para que esa persona fuera despedida. Claro, ni hablemos del carácter débil e imbécil del gerente en ese momento. Pues bien, la “víbora” llegó a ser luego la gerente de esa empresa. ¿La vida la puso en su sitio?

El acoso solo puede funcionar cuando hay más de una persona contra una. Suele haber una o más “reinas” o “reyes” que actúan activamente. Luego están los que participan de forma más pasiva. Son los que no se atreven a ir contra el grupo activo de acosadores por miedo a ser las siguientes víctimas. Por ejemplo, cuando en el chat del AMPA la víctima del acoso pregunta algo, los “pasivos” tampoco responden por miedo a que su respuesta amable les atraiga el disgusto de la(s) reina(s). Pero esas personas son igual de culpables; no vamos a pintarlo más bonito con “hay que entenderlo”. Esas personas son las que dan poder a la(s) reina(s).

Lamentablemente, el acoso está muy extendido. Lo hay en los trabajos, en los grupos de AMPA, en grupos de crianza y enseñanzas alternativas, en grupos de crecimiento personal y espiritual. Es como en el cuento de la luciérnaga y la serpiente. Basta con brillar para que las serpientes cobardes quieran devorarte. Nunca he conocido un solo caso donde los acosadores realmente tuvieran alguna razón concreta, algo que la víctima realmente hubiera hecho. Al contrario.

Para ver más allá de las máscaras y conocer el verdadero carácter de las personas, ayuda observar. También es útil conocer las Flores de Bach, aunque no se utilicen estos remedios, ya que el Dr. Edward Bach supo muy bien clasificar y reconocer los caracteres del ser humano. Otra cosa que puede ser útil es observar a los niños de las personas, si es que los tienen. Los niños son puros. Y como dicen los dichos: “De tal palo, tal astilla” o “La manzana nunca cae lejos del árbol”, el carácter del niño puede reflejar parte del carácter de los padres que estos ocultan detrás de su máscara, ya sean más tímidos, más envidiosos, más mandones, etc. De hecho, las personas que realmente trabajan su crecimiento personal con las Flores de Bach pueden encontrar en sus hijos una ayuda para elegir los remedios adecuados para ellos mismos.

Cuando se leen los comentarios en artículos como este, parece que solo hay víctimas. ¿Acaso las personas que acosan no leen? Claro que algunos no son conscientes de sus actos. Otros, sin embargo, reconocen que están haciendo el feo —sea de forma activa o pasiva— a una persona en su trabajo, grupo, etc., pero igual lo justifican: “En mi caso, es diferente…”

Volviendo al tema de las máscaras, ¿qué hay detrás de tu máscara? Como ya mencioné, el problema no es la máscara sino lo que hay detrás de ella.